Alcachofas: propiedades y formas de consumo para aprovecharlas

Alcachofas: propiedades y formas de consumo para aprovecharlas

La alcachofa –Cynara scolymus– es un cultivo tradicional, conocido y empleado por todos de forma habitual. Tanto a nivel gastronómico como medicinal, nos cautivan su sabor y propiedades.  

Además, os interesará saber que se cosecha en primavera y otoño, así que estas dos estaciones son las idóneas para su consumo.

No obstante, os muestro algunos tips para saber si, efectivamente, las alcachofas que encontréis en el mercado están frescas:

– Normalmente, las alcachofas frescas se comercializan envueltas en bolsas de plástico en las que se indica el día en las que se almacenaron. Podremos consumirlas en óptimas condiciones hasta cuatro días después de dicha fecha.

Pasado este tiempo, tampoco hace falta tirarlas, pero sí comprobar su estado:

¿Las alcachofas han adquirido una tonalidad amarillenta o marrón? ¿Sus hojas están excesivamente blandas y se abren o parten con facilidad? ¿Pesan poco (o menos de lo habitual) teniendo en cuenta su tamaño? Entonces, mejor reservarlas para elaborar caldos o sopas.

– Una alcachofa fresca luce un color verde oscuro intenso, mantiene su peso y sus hojas permanecen firmes y crujientes.

De cualquier forma, si las alcachofas son vegetales tan saludables, ¿por qué ceñir su consumo a estas dos estaciones? ¡Apostad por las conservas! Hace un año, la Universidad de Murcia (España) publicó un estudio a través del cual se comprobaba que las alcachofas en conserva mantienen sus propiedades intactas hasta 18 meses después de la colecta.

De esta forma, ha llegado el momento de hablar de sus propiedades:

– Digestivas: 

El consumo de alcachofas regula los procesos digestivos, reduciendo tanto el estreñimiento como la diarrea. Además, disminuye la acidez de estómago y todas las molestias relacionadas con este trastorno: dolores, distensiones… Este impulso digestivo ayuda a erradicar el flujo de la bilis -reduciendo las posibilidades de desarrollar cálculos biliares- y a tratar enfermedades como el reuma o el ácido úrico.

– Saciantes: 

Las alcachofas se convertirán en las mejores aliadas si nos hemos marcado como objetivo bajar algo de peso o, simplemente, cuidar nuestra alimentación y reducir el consumo de snacks entre horas. Efectivamente, además de digestivo, este vegetal tan saludable tiene alto contenido en fibra y ayuda a controlar el apetito.

– Diuréticas: 

¿Quién necesita smoothies 

desintoxicantes si consume alcachofas con asiduidad? Tan potentes a la hora de eliminar toxinas como de acabar con la retención de líquidos. Como consecuencia de ello, se recomienda su ingesta a personas que sufren de problemas circulatorios, enfermedades hepáticas, gota o artritis.

– Anticancerígenas:

El trinomio perfecto: ácido cafeico + pantoneico + flavonoides = prevención del cáncer. Las alcachofas también ayudan a potenciar los efectos de la quimioterapia y la radioterapia.

– Anti-colesterol:

Al reducir los triglicéridos en sangre, ayudan a disminuir el ‘colesterol malo’ y potencian el HDL, conocido popularmente como el ‘colesterol bueno’. Asimismo, controlan la tensión alta y los problemas de arteriosclerosis.

– Fuente de vitaminas A y B, sodio, hierro, potasio, magnesio…

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