Vitamina F

A pesar que es llamada de esta forma, lo cierto es que la vitamina F no es en sí una vitamina, sino que de esta manera denominamos a los ácidos grasos insaturados, imprescindibles para nuestro organismo, y destacando sobretodo el ácido linoleico.

La vitamina F son ácidos grasos poliinsaturados, los cuales se dividen sobretodo en omega-3 y en omega-6, sobre cuyas virtudes y beneficios ya te hemos hablado en muchos momentos.

BENEFICIOS

En modo de resumen, esta vitamina  puede ayudarnos a reducir el “colesterol malo” (LDL) y aumentar el “colesterol bueno” (HDL) 

Aunque esto parezca simple, esto aporta numerosos beneficios al cuerpo porque conlleva a una mejora del sistema cardiovascular, evitando la hipertensión y posibles enfermedades coronarias posteriores.

Además, unos niveles correctos de vitamina F fortalecen el sistema nervioso, y mejoran los problemas que se asocian al envejecimiento, artritis reumatoide y arterosclerosis.

Relacionándolo con el deporte, esto es muy importante, ya que un sistema cardiovascular sano nos permite realizar actividad física sin riesgo.

Por último, cabe destacar el papel de la vitamina F introducido en cosméticos que restauran la barrera natural de la piel consiguiendo una piel nutrida e hidratada, contribuyendo a atenuar la formación de arrugas y manchas.

Es capaz de fortalecer el sistema inmunológico, por lo que es interesante para aumentar las defensas.

Asimismo, se convierte en un nutriente interesante en el tratamiento de la depresión.

Déficit y exceso de vitamina F

El déficit de vitamina F puede ser perjudicial para el organismo, por eso es importante conocer sus efectos. Los primeros indicios que muestran su falta son:

  • Distintas inflamaciones que pueden llevarnos a una bajada de rendimiento.
  • Pueden darse reacciones alérgicas.
  • Afectación en la piel en forma de espinillas.
  • Sequedad de la piel.

Ante estos indicios, debemos controlar los niveles de esta vitamina, dado que su falta también puede perturbar el trabajo del sistema cardiovascular y los riñones.

El déficit largo de la vitamina sube el riesgo del desarrollo del infarto, la aterosclerosis y la hemorragia cerebral.

En niños, su déficit se traduce en la ausencia del aumento de peso normal y una tasa de crecimiento baja.

Al igual que su déficit, el exceso puede ser peligroso, aunque el exceso de vitamina F se da en raras ocasiones.

El consumo excesivo de los ácidos no saturados grasos puede conducir a reacciones alérgicas, dolor de estómago y pirosis.

Alimentos con vitamina F

Al tratarse de un conjunto de ácidos grasos, debemos incorporar alimentos ricos en omega 3 y omega 6 para introducirla en la dieta.

 Las fuentes básicas de ácidos polinsaturados son los aceites vegetales , como los de oliva, soja, de lino, de maíz, de girasol o de nuez.

También lo encontramos en  pescados azules  como el salmón, las caballas, las sardinas o el atún.

Podemos encontrar grandes cantidades en  frutos secos  como nueces, almendras y cacahuetes; y en semillas como la de girasol o de lino.

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